Tus canas seductoras hembra añeja,
Me transportan a la pubertad.
Mimoso me vuelvo; Romántico y febril.
Infantil incluso. Siendo viejo…
Como lo soy, mal visto enjuician.
Anciana amada, déjame amarte.
Paseemos de la mano, igual que antaño.
Igual o todavía más. Lleno de lozanía.
Adolescencia eterna
De nuestro querer sin prudencia.
Tantas veces despilfarrado,
Que su tela, se ha endulzado.
Con todas tus enseñas y mis insignias.
Verdor perpetuo. Verde debe ser verde.
Verde perenne. Dulce verde.
Que tu, que yo; Nos hemos marchitado.
Pero aprovecha esta brecha,
Por donde se escapa lo ridículo,
Y vive este sin sentido,
Que es, tu amor y el mío.
Este verde perenne. Este dulce verde.
Este amor añejo, sin complejos.


