
Desde la atalaya del que halla,
La muerte en el suelo y el sepelio.
El duelo sangra en le pañuelo,
Lo mancha de rojo y coso,
Un bordado de desesperado,
Y sin sosiego se hace sueldo,
Jornalero del desconsuelo,
De la vida huida,
De la condena al pasar la frontera,
La tuya se lleva la mía,
En el éxodo hacía ningún término.
Subsisto sin mí y contigo,
Contigo, en el olvido vivo.
Desde el otero donde me encierro,
Por el llano como un daño insano,
Veo pasar el tiempo sin ser dueño,
De lo que obedezco y empeño,
De lo que carezco y extraño.
Y lloro como un niño en vano,
Cansado de que el cielo,
Amanezca perpetuamente azulado,
Deseoso, de morir, e ir a tu lado.
La muerte en el suelo y el sepelio.
El duelo sangra en le pañuelo,
Lo mancha de rojo y coso,
Un bordado de desesperado,
Y sin sosiego se hace sueldo,
Jornalero del desconsuelo,
De la vida huida,
De la condena al pasar la frontera,
La tuya se lleva la mía,
En el éxodo hacía ningún término.
Subsisto sin mí y contigo,
Contigo, en el olvido vivo.
Desde el otero donde me encierro,
Por el llano como un daño insano,
Veo pasar el tiempo sin ser dueño,
De lo que obedezco y empeño,
De lo que carezco y extraño.
Y lloro como un niño en vano,
Cansado de que el cielo,
Amanezca perpetuamente azulado,
Deseoso, de morir, e ir a tu lado.
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