
Atenuada,
trota calle a bajo,
la muerte cortejada,
por el anís rebajado.
Mitigada,
solloza la tristeza,
por la felicidad de la viuda,
que de una pesadumbre reposa.
Encamado,
en la andén del último tren,
el organismo desfallecido,
y un maquinista enflaquecido trae.
Omitido,
de la nostalgia de cualquiera,
vive sin vivir un entierro,
deseado de ser sepultado,
hasta siempre bajo tierra.




